miércoles, 25 de julio de 2012

Eternidad


Largo ha sido este tiempo sin ti, amor mío. En interminables sueños en vela volvía a ti, venciendo junglas, ejércitos y serpientes, y al vislumbrarte, arrullando el estero de mil voces, desaparecías en mi despertar patético.
En siglos he vivido, por tierras lejanas y extrañas, luego de olvidarte. Conocí mujeres, vicios, fundé ciudades y conquisté bárbaros; engendré, inseminé, y asolé. Y en la noche de mi ruina, oía las voces de mis víctimas; de mis muertos, el silencio; de mis enemigos, las conversaciones entre muros secretos.
Huí de mi mundo una vez más, para volver a crearlo. Te imaginé desnuda, vigilante en el océano, lago o estero. Me mirabas traspasando hasta mis recuerdos, mis pensamientos, y mi futuro también. Me dabas vida, me engendrabas para devorarme, y luego nacerme de nuevo. Porque nacíamos juntos, hermana y hermano, hombre y mujer, todavía rodeados por la placenta feroz del útero que yo fecundé: tu matriz salvaje.
Y ahora, que te voy a encontrar, recorro el océano, desciendo al negro abismo. Sé que te hallas aquí, en lo profundo, esperando mi visita, sin necesitarla. Porque soy el hijo joven, soy yo quien está abandonado a los universos. Tú eres mis antepasados, mi madre y mi refugio. Así, intuyo en el abismo, te encontraré, durmiendo despierta, naciendo a la muerte. Si tan solo pudiera encontrarte.