jueves, 4 de diciembre de 2014

Ideas varias

       Es justamente a estas horas de la noche en que se acercan las buenas ideas, así que allá voy. Esto es una bravata, un anzuelo un rito para que puedan venir y así pueda yo compartirlas con ustedes, en el fragor mismo del teclado fiel.
       ¿A dónde vamos? ¿son optimistas, mis amigos, respecto al futuro? Creo que la mayoría de ustedes lo es, y yo también, pero... intentemos entrar en razón.
       Veámoslo en chico. Chile. Si Dios nos ayuda, no habrá éxito en reprimir efectivamente la presión social que se levanta en nuestros momentos, el nivel de desencanto con todo el proceso de "transición" que como un herpes molesto, como el virus del resfrío, no termina nunca, siempre hay algún detalle, oculto o imposible de evadir, que nos recuerda que está allí. Con mucho trabajo, lograremos sanar de su gula insaciable a los vampiros que regentan nuestro país, o los exiliaremos. En fin, todos tenemos muchas buenas ideas sobre lo que deberíamos hacerles, pero tengamos cuidado: es la paranoia de los poderosos la que expande el miedo y la violencia a todos los demás. No los asustemos más de lo que necesitan para cambiar.
       Miremos un poco más amplio. Nuestra idolatrada humanidad. Lo digo porque es ya lo único que se permite idolatrar, ¿no? Dios ha muerto, no quedan reyes ni emperadores, incluso el amor lo mecanizan en fenómenos biológicos (hasta atávicos y prescindibles) o lo chacrean con clichés insufribles -remedo: no son todos insufribles, pero si en su análisis empleamos todos nuestros recursos, caen al instante- como el de hacernos creer que enamoramiento = amor. Si le haces creer eso a todo el mundo, no puedes sorprenderte de que la "sagrada institución del matrimonio" se haga pedazos. No, nos falta muy poco para tener que olvidarnos de nuestra tan mentada "humanidad" como adjetivo positivo que indique lo mejor, lo más altruista, generoso y digno de recordar de nuestras acciones. ¿Sobre-humanidad? ¿Super-humanidad? -Nietzsche aplaude- ¡Usemos la democracia y la fuerza de la mayoría! - Lo siento, el promedio humano no es loable. Por eso el populismo no es la respuesta, ni el fascismo, que pone todo el poder y responsabilidad en un grupo de gente que inevitablemente llegó ahí en busca del poder por sí mismo (me atengo a la Historia).
       ¿Funcionaría achicar "autodeterminación de los pueblos" hasta "autodeterminación de las personas"? El ideal anarquista presupone la capacidad del ser humano para lograrlo. Pero más de uno de ustedes se sonríe al imaginar a todos los integrantes de la loca humanidad "autodeterminándose". Desde lejos (la luna) podría ser divertido de atestiguar. ¡¡Sobre todo cuando empezasen los fuegos artificiales!!
       Una cosa sí les puedo decir. El sistema perfecto no existe. Si no empezamos de una maldita vez a darle una esperanza a la idea de la autodeterminación, seguiremos igual para siempre, mejor dicho hasta el fin del mundo. Para lograr convivir en paz, lo que debemos mejorar es al ser humano, no las leyes, religiones, ideologías o libros de autoayuda que le podamos brindar tras sesudas cavilaciones.
       La responsabilidad reside en cada uno de nosotros. Supongo que todos hemos soñado con un mundo en que la libertad exista de verdad, en que no temas decir lo que sientes porque puede sonar mal, grosero o desconsiderado; en que la igualdad no redunde en monotonía forzada y opresiva; un mundo en el que la fraternidad signifique cuidarnos desinteresadamente unos a otros, pues sabemos que somos todos uno, somos todos parte indispensable mas no preeminente del todo. Entre tu corazón y tu hígado, ¿con cual te quedarías? Entonces me entiendes.
       A la vida se le ocurrió crear, en determinado momento, una especie como la nuestra. Conflictiva, curiosa, miedosa, plena de un potencial cósmico, inimaginable. Fue una apuesta desde el principio. En este momento, tenemos el poder para destruirnos en un solo parpadeo, y llevarnos con nosotros a un magnífico planeta, un leal voluntario que, por decirlo así, se ofreció para acogernos a todos, a tolerar a esta especie. No lo arruinemos. Todo cuenta, hasta el más mínimo sentimiento o idea transeúnte que habite en nosotros, genera un eco irresistible, y atrae cosas similares tanto como opuestas.
       Reitero. Por favor, quien me pueda leer: como colectivo, ya es hora de olvidarnos de rezar por un buen sistema, gobierno, amo o mesías. ¿Buscas un salvador? El que sonríe detrás del espejo, tú mismo. Eso sí, cumple tus expectativas sobre un salvador. Apégate cuanto puedas a tu idea del héroe. El ejemplo de los precedentes siempre es útil, sino indispensable, opino.

       Lanzada queda la piedra, mi mano firma:
                                           Simón Gabriel Tagle Valenzuela.


Bueno eso es todo amigos, antes de terminar, quiero agradecer a Igor Stravinsky, por haber compuesto El Pájaro de Fuego. Eso estaba escuchando al escribir esto. Aquí va:
http://youtu.be/RZkIAVGlfWk

viernes, 23 de mayo de 2014

En Roma.

       -En el campo de batalla no somos lo mismo, senador. Aquí usamos máscaras como los políticos usan varias túnicas.
Cuando vuelves a pisar la tierra seca de las llanuras, sedienta de vida, esperando ser fecunda bajo la sangre de nuestras legiones, te conviertes en un ser sin dobleces, que puede ver todo alrededor suyo. Luego, al enfrentar escudo contra acero, te abate una fiebre que sólo cede ante el tajo profundo que tu brazo ara, o tu garganta sufre.
Perdóneme, pero debe usted saber que cuando nos envía a conquistar, no manda ciudadanos de Roma, sino algo más vivo, más real que la oratoria y la intriga. El humano original respira en el amor entre las sábanas, en los juegos de los niños, y en el hombre que suelta el escudo rojo sobre la tierra viva.
Si seguimos el águila imperial, nos convertiremos en fauces insaciables hasta que nadie quede, u otorguemos clemencia a los rendidos y desarmados; no dejaremos de avanzar sobre caminos, bosques y montañas.

martes, 15 de abril de 2014

Nuestro Tren.



       Confusión, luz esparramada que se cruza en mis sombras, mientras no dejo de sentir esta hambre de distancia. Camino, "me alejo del eso pasó" me digo, sin saber que nunca dejaré de oír aquel tren en la lejanía.

       Ya pasó! fue solo un mal sueño, no pasa nada, solo tengo prisa por disfrutar de lo que me queda sobre este mundo tan confuso, extraño y hermoso. ¡Regocijaos! Mirad sin inmutaros esta gran farsa cómica que nos embarga mientras nos corresponde seguir actuando el papel.

       Y sin embargo es real. Ya es muy tarde para cambiar nada, y alterar esa memoria tampoco es posible ahora.
         -¿Porqué nos abandonaste?
                  Nunca dejarán de acompañarme las voces de mis muertos.
         -Si tuviera la oportunidad, sabéis que no os dejaría de nuevo...
         -A nosotros no nos puedes mentir, siempre estaremos contigo.

       Solo escucha el silbato: ha mucho tiempo, miles de personas, enceguecidas por su miseria comenzaron a mezclar su odio con la admiración, y se olvidaron para siempre de que sus hermanos nunca dejan de existir en sus corazones...

       Sí, estoy seguro de que no pensaban de que todo esto acabaría así, no? La sangre corría por las plazas, regueros de pólvora, sangre y dientes esparcidos por las fosas cavadas por los mismos oficiales enemigos. ¿Que quién fue? El demonio prusiano, ellos son, los enemigos de la Madre Patria.
         -Tranquilo Josip, de mi nadie lo sabrá.
         -Lo sé, Adolf, los acuerdos entre nosotros se cumplen.

       Me alejo, de aquel recuerdo, nunca dejaré de verlo, los fantasmas de aquellos que torturé, dejé morir de hambre, cautericé por heridas insignificantes, duché y luego cremé en esos hornos formidables. Como podré olvidarlo, si guardo fotografías mías pisando sus cráneos vacíos... Como podría perdonar a quien como yo no solo olvidó a Dios, sino también olvidó que en nosotros viven todos los que amamos, protegemos, y también aquellos a los que matamos.


                              Mira cómo llega el tren...

getting old



Virgen cautiva de los secretos que ocultas:
cuéntame a mí tus penas penosas
nárrame a mí el cuento infinito
que agita en tus sombras, noche profunda.

Te explico ahora porqué tanto pido:
me embarga el olvido de mis sueños antiguos
sueños hermosos, ingenuos cual niños.
Temo al olvido de mi infancia dormida
y ansioso tropiezo con mi mente anciana;
se queja y requeja en mil vanas glosas
y agota mi alma con miedos baldíos.

Añoro tu vientre nocturno y terrible.
Tú guardas el paso a la luna soñante;
¿porqué no me apartas un sitio contigo?

Quiero volver a mi tierra sangrante,
ávida de luna, de tierra y de agua.
¿Acaso hay un muro tapiando la entrada?

Memento homo...


Las doce han dado, y sereno.
Sereno contemplo el silencio
el silencio que habita el tiempo
que agita mi verso insomne e inútil.

Murmura la noche en su nítida lengua;
el miedo no existe, el miedo no existe...
murmura sonriente la luna, distante;
mi amor te nutre, no me olvides mi niño...
aúllan los árboles, gimiendo al viento;
nuestra paz respira, porqué no la estima?

Audaz trina un grillo, buscando mi oído:
no temas más nada.
La noche te ampara,
la luna te extraña,
el bosque reclama
la paz que respiras.

En silencio te pido, no temas más nada.
Pues la noche te abriga,
no ataca tu dicha.
Comparte tu vida con el todo silente,
que lo que no entiendes
ha sido y será el misterio acechante
que impulsa tus bríos
distintos y puros.

¡Abruman las estrellas, sobre el frío presente!
Tiritan azules en sublime distancia
y nerviosas te hablan de siglos pasados:
es tu vida la nuestra,
y nuestra tu luz,
pues así cantas tu dicha;
polvo de estrellas anima tus huesos
rayo telúrico palpita en tus venas
venablo cósmico, destello amoroso
hijo del universo.
Te amamos querido, piensa en nosotras.



26-VII-2012

jueves, 13 de marzo de 2014

En la tierra de sus sueños


Es de noche. De alguna manera, pude llegar adentro de sus sueños. Ella duerme o finge dormir. Intento despertar, pero no puedo. Realmente, me tiene encerrado. Intento moverme. Mis labios contestan primero, tentando articular alguna palabra. Ella sigue esperando dormida. Haciendo un inconmensurable esfuerzo, logro zambullirme en sus ojos. La penumbra de la habitación había templado mi vista en la oscuridad, pero este túnel supera la sombra más profunda. Nado y vuelo en su pupila, viajando hacia el interior, impulsado por una fuerza enorme, irresistiblemente suave y poderosa. Siento calor, el viaje me adormece, y en el fluido ciego de sus pensamientos, me disuelvo.

Me ahogo. Chapoteo en la división de mi existencia y la suya, ahogándome en la mezcla del agua y el aceite. Logro flotar, y asciendo en su superficie. El océano me acuna en una soledad inmensa, pavorosa. Busco una orilla, encontrándola tras mío. Me encuentro en un bosque. La luz del sol penetra entre las multiformes hojas rojizas, tornando el espacio de mi vista en una alfombra de hojas caídas, con enormes troncos, y también enjutas ramas caídas, quebradizas ramas en torno a mí. Diviso el camino recortado por las siluetas de los árboles, y sigo la insinuación de coherencia que éste sugiere. Las hojas suenan, a cada paso, y las que caen por toda la foresta murmuran con la voz del bosque una música incomprensiblemente conocida por mí. Reconozco en cada oquedad de cada árbol un asidero para mis recuerdos, una posible respuesta. A un costado del sendero, más allá, encuentro un gran claro, con una mesa tallada, en el centro. En torno a ésta hay cinco sillares, esculpidos en la misma madera de la mesa. Decido sentarme, esperando que el bosque se tiente a mostrarme el secreto que busco. Repentinamente, advierto que no estoy solo. Escucho pasos viniendo del sendero. Nervioso, me oculto tras un árbol que delimitaba el claro. Entra una mujer desnuda, y se sienta en una de las sillas, dirigiendo su mirada hacia el árbol en que me oculto. No había podido distinguir su rostro, y atravesado de pudor y curiosidad, me asomo para poder verla, sabiendo que ella me puede ver. Y así lo está haciendo. Reconozco a la persona dueña de los ojos que me permitieron entrar aquí. Sus contornos son nebulosos, pero no así sus pensamientos, que recita apenas me ve.

        -Has llegado. Creí que jamás lo harías.
        -¿El qué?- Pregunto, extrañado.
        -Entrar en mis sueños. De seguro, cuando despierte no recordaré qué ocurrió aquí. Por eso necesitaba que vinieras. Necesito que me ayudes a comprender algo.- Descubro que también estoy desnudo.
        
        -Explícame y lo haré.
        -Quiero saber por qué nos conocemos.
        -Yo creía que porque nos conocimos en el colegio.
        -Si solo fuera así, no podrías estar hablando aquí, conmigo.

              -Sugieres que nos hemos visto antes.
        -Tengo la certeza. He permitido que entres, para descubrir dónde.
        -¿Y cómo piensas hacerlo?
        -Tengo que lograr que nos juntemos despiertos, para poder trabajarlo aquí, contigo. Quizá logremos descubrirlo así, pero no creo que al despertar lo recordemos.
        -¿Pero cómo vamos a hacer para que podamos recordar esta necesidad, estando despiertos?
        -No lo sé. Sólo sé que necesitamos conocernos despiertos para poder recoger certezas.

              -...

Ella se incorpora. Acerca su luminosísima desnudez a mí, sin despegar su vista de mis ojos.
        -Creo que te amo- Me dice.
              -...

        -Sólo así podremos saber quiénes somos. Por favor, haz un esfuerzo. Tienes que hacerlo. No lo recordarás al despertar.

Sin el menor ruido, había extraído una daga de la silla en que estaba, y ahora me la estaba ofreciendo.

        -Vas a tener muy poco tiempo, aprovéchalo para encontrar lo más que puedas. Y no sufras por mí. Sólo estoy soñando, despertaré pronto. Hazlo.

Cogí el arma, y se la enterré en el corazón. Sus ojos se apagaron, y exhaló en mis brazos. Tan frágil; acaricié su rostro, buscándolas últimas gotas de color que su cuerpo mostraba. Cuando quité la daga de su pecho, sentí un fuerte viento a mí alrededor. Estaba anocheciendo, y las hojas silbaban amenazadoramente, acusándome. Me incorporé, buscando el sendero por donde llegué al claro. Eché una última mirada al cadáver de la soñante, y vi cómo las hojas, cómo la tierra absorbía su cuerpo. Aterrado, comencé a correr.

Tras mío, el viento deshacía el bosque; la alfombra de hojas marchitas perdía sus colores, y desintegrábase en más viento. Corrí, sin notar cansancio, con la daga en la mano, hasta lograr salir del bosque.


Desgraciadamente, no pude seguir más allá. En un instante, caí ahogado al fondo del océano, y desperté aquí, y comencé a olvidar el sueño.





21 - XII - 2010

Infierno


       Y en esta visita a los infiernos, el héroe apenas podía vislumbrar más allá de sus propias manos, que tanteaban trémulas entre las zarzas.

Estremecido recordaba el postrer aullido de Ignacio su hermano, estrangulado en aquel bosque maldito y eterno. Ni siquiera el dolor por la muerte de él, podía detener al héroe en su afán.

   - ¡Contéstame!, enemigo, ¡¡Qué es lo que busco!!

  "ya nada me podrá arrebatar este infierno. Lo he perdido todo, incluyendo a mi adorado hermano, que por su valor murió en mis brazos."

   - No he luchado tanto en vano. ¿Qué es lo que ocultan las sombras? ¿Qué lo que mi espada ataca, lo que mis lágrimas lloran?

El bosque callaba, insistente y ruidosamente callaba. Arriba de los árboles, se desataba una tormenta, de la que Adriano sólo recibía la lluvia y el trueno.

  "¿qué es esto? la lluvia se detiene... quizá acabe la tormenta... de todos modos, sigo sin ver nada."

Aterrado por la calma, nuestro héroe se refugia entre las raíces del roble más cercano. Arrullado por los cada vez más lejanos relámpagos, se adormece,

  "no puedo rendirme ahora... no... la sangre de los míos... mi amada... debo seguir...", y cae en el sueño.



Encandilado por el resplandor, Adriano se levanta de un salto: El bosque se ha ido, y se encuentra con su hermano.

     -¿Qué nos ocurrió? ¡Tú estás muerto!!

     -Has despertado, Adriano.

Demonios


Paisajes tristes, terrenos baldíos,
muertos, fríos, tierras malditas,
vestigios cegados de horrores mudos,
los campos de batalla, ciénagas eternas.

El galope de caballos
montados por demonios
con espadas, antorchas y flechas;
la danza de sombras;

El pasto con pelillos blancos,
los arbustos de alambre,
son testigos mudos de la lepra
de la historia, nunca dormida.

¿En qué momento de la Historia
el hombre maldijo la piedra sangrante,
que siguió viendo en cada pestañeo
de su vida?

¿Porqué, cuando el sonido seco
de cráneo ultrajado ocurrió
en lo profundo de la caverna,
no se quedó ahí, maldito y encerrado?




20 de Abril, 2007.

Ensayo sobre el Experimento de Milgram


       Hasta aquí, tenemos el propósito que se les presentaba a los dos voluntarios. Voluntarios de los que sólo uno era el sujeto del experimento, pues el otro participante era un actor, que oficiaba siempre del alumno que recibía el castigo.
       La experiencia consistía en amarrar al "alumno" en una silla, conectada a un panel donde se instalaba el "profesor". Éste, dictaba una lista de treinta sustantivos asociados cada uno a un adjetivo, a fin de que el alumno la memorizase en solo un dictado. Luego, se le preguntaba por el sustantivo relacionado con cada adjetivo, que le profesor repetía uno por uno, en orden, llegando así hasta los treinta adjetivos. Si el "alumno" acertaba, el profesor pasaba al siguiente adjetivo; si erraba, se le aplicaba un castigo por medio de un shock eléctrico, partiendo en 15 voltios, progresando linealmente en quince voltios por cada error, hasta el límite: 450 voltios.

       El objetivo real de esta experiencia, era analizar la conducta del profesor (el voluntario verdadero), al ser obligado por la universidad (autoridad) a castigar al alumno: una persona que él no conoce, y al que, por sorteo, le tocó ser la víctima. En el proceso, el "profesor" puede desistir - esto es, abandonar su rol de juez y verdugo -, o continuar con el proceso, propinando shocks eléctricos al alumno, tras cada error.
       (Claramente, no existen tales shocks eléctricos, el actor aparentaba recibir los golpes, y los efectos que en él producían: alta sudoración, bloqueo mental, dolor y desesperación.)

   >> El tema de esto: el nivel de intensidad y expansión del carácter autoritario {E. Fromm, "El miedo a la libertad", "El corazón del hombre"} dentro de la sociedad actual. Los resultados, entonces (60's, 70's): 63% de la población (muchos voluntarios "profesores") aplicaron el castigo hasta dejar al alumno inconsciente, pues consideraban que debían (por ética, principios, o por su condición de humilde ayudante en un experimento científico) llevar el experimento hasta sus últimas consecuencias. Varios se detuvieron solo porque la autoridad (los académicos de bata blanca presentes) no se ponían de acuerdo entre sí.

           ~*~ Estamos, aquí, destapando una de las mayores llagas, y también, la peor deformidad, de lo que es el ser humano actual, tras milenios de historia. >>"¿Ha logrado, el Hombre, vencer al Creonte déspota que se exilia tras asesinar a Antígona, y ver muertos a su bien amada esposa y su hijo, amante de Antígona?" {Antígona, último componente de la trilogía edípica}.
     Pues, mirando también la mitología cristiana, aún anda con nosotros, y en nosotros, el Caín asesino, creando, con sus hijos, el progreso material sobre la Tierra. ~*~

       El amor-odio hacia la autoridad >> La búsqueda de la Verdad, sacrosanta y virgen, es una meta que el ser humano se autoimpuso, arbitrariamente, teniendo una excesiva confianza en sus capacidades. No estando, no sintiéndose, no sabiéndose apto para tenerla, busca sucedáneos del libre ejercicio humano, acotándose y acotando a sus semejantes a lo que, al menos, no perjudica a sus más cercanos.

~La autoridad, necesaria en la cuna, infancia y adolescencia, empieza a volverse tambaleante e insegura, cuando el hijo comprende. ~

                            "Cuando un hombre piensa, la sociedad se tambalea"
Y hay tantos ejemplos de rebelión, huelgas, y luchas en la Historia... desde la primera documentada, en Egipto: la huelga de los obreros funerarios >> Hasta la presente movilización de los estudiantes universitarios, la pugna entre la nación mapuche y el Estado Chileno, el alzamiento de las regiones extremas y ni tan extremas; todo esto no indica que estamos rodeados de una tropa de pirómanos facinerosos, sr. presidente, solo indica que (ojalá) la sociedad chilena está volviendo a despertar, tal como lo hizo tras la oscura etapa parlamentaria (1891-1924), y tal como lo predica el lema del escudo chileno, desgraciadamente, cortado:
         Post Tenebras Lux,
         Por la razón o la fuerza.

En mayo del '68, protestaron también los jóvenes.
                            "Seamos realistas, pidamos lo imposible" no es un eslogan ingenuo: en un mundo donde no queda cabida para un solo niño ingenuo y curioso; un mundo donde ser realista es aceptar un sistema económico que te pone bajo un muy eficiente yugo, y unas excelentes anteojeras caballares, y te obliga a destruir, si es necesario, a tus colegas y compañeros; un mundo que ha asesinado a cada persona que decidió que su meta era una distinta a la de la zoociedad; que aún tiene ceniza en las manos por las hogueras para las mujeres intuitivas o libres (brujas), y aún recibe la mirada fulminante de Giordano Bruno, y de tantos jóvenes chinos, tribus africanas, mexicanos cesantes, niños japoneses suicidas. >> Pedir lo imposible, pedirlo... es la sangre de los que lo pidieron en algún momento, la que coagula la garganta cuando se rebate por primera vez a un padre, a un profesor, a un amigo. Sin embargo, es esa sangre la que palpita furiosa y serena en el corazón de los que a pesar del miedo, lo hacen, y piden lo que no nos quieren dar o reconocer.

             ¿Por qué el héroe que acompañó a Edipo en su muerte en el bosque de las diosas primigenias, no podía describir lo que vio? Nadie sabe. Pero si la espina se eriza ante el misterio y todo lo nuevo, y el impulso más fuerte, es adentrarse en el bosque, estaremos entonces buscando a Edipo, y con él a todos los humanos héroes.

                                                 Fin
                               Del Ensayo.




8 de mayo, 2012