jueves, 13 de marzo de 2014

En la tierra de sus sueños


Es de noche. De alguna manera, pude llegar adentro de sus sueños. Ella duerme o finge dormir. Intento despertar, pero no puedo. Realmente, me tiene encerrado. Intento moverme. Mis labios contestan primero, tentando articular alguna palabra. Ella sigue esperando dormida. Haciendo un inconmensurable esfuerzo, logro zambullirme en sus ojos. La penumbra de la habitación había templado mi vista en la oscuridad, pero este túnel supera la sombra más profunda. Nado y vuelo en su pupila, viajando hacia el interior, impulsado por una fuerza enorme, irresistiblemente suave y poderosa. Siento calor, el viaje me adormece, y en el fluido ciego de sus pensamientos, me disuelvo.

Me ahogo. Chapoteo en la división de mi existencia y la suya, ahogándome en la mezcla del agua y el aceite. Logro flotar, y asciendo en su superficie. El océano me acuna en una soledad inmensa, pavorosa. Busco una orilla, encontrándola tras mío. Me encuentro en un bosque. La luz del sol penetra entre las multiformes hojas rojizas, tornando el espacio de mi vista en una alfombra de hojas caídas, con enormes troncos, y también enjutas ramas caídas, quebradizas ramas en torno a mí. Diviso el camino recortado por las siluetas de los árboles, y sigo la insinuación de coherencia que éste sugiere. Las hojas suenan, a cada paso, y las que caen por toda la foresta murmuran con la voz del bosque una música incomprensiblemente conocida por mí. Reconozco en cada oquedad de cada árbol un asidero para mis recuerdos, una posible respuesta. A un costado del sendero, más allá, encuentro un gran claro, con una mesa tallada, en el centro. En torno a ésta hay cinco sillares, esculpidos en la misma madera de la mesa. Decido sentarme, esperando que el bosque se tiente a mostrarme el secreto que busco. Repentinamente, advierto que no estoy solo. Escucho pasos viniendo del sendero. Nervioso, me oculto tras un árbol que delimitaba el claro. Entra una mujer desnuda, y se sienta en una de las sillas, dirigiendo su mirada hacia el árbol en que me oculto. No había podido distinguir su rostro, y atravesado de pudor y curiosidad, me asomo para poder verla, sabiendo que ella me puede ver. Y así lo está haciendo. Reconozco a la persona dueña de los ojos que me permitieron entrar aquí. Sus contornos son nebulosos, pero no así sus pensamientos, que recita apenas me ve.

        -Has llegado. Creí que jamás lo harías.
        -¿El qué?- Pregunto, extrañado.
        -Entrar en mis sueños. De seguro, cuando despierte no recordaré qué ocurrió aquí. Por eso necesitaba que vinieras. Necesito que me ayudes a comprender algo.- Descubro que también estoy desnudo.
        
        -Explícame y lo haré.
        -Quiero saber por qué nos conocemos.
        -Yo creía que porque nos conocimos en el colegio.
        -Si solo fuera así, no podrías estar hablando aquí, conmigo.

              -Sugieres que nos hemos visto antes.
        -Tengo la certeza. He permitido que entres, para descubrir dónde.
        -¿Y cómo piensas hacerlo?
        -Tengo que lograr que nos juntemos despiertos, para poder trabajarlo aquí, contigo. Quizá logremos descubrirlo así, pero no creo que al despertar lo recordemos.
        -¿Pero cómo vamos a hacer para que podamos recordar esta necesidad, estando despiertos?
        -No lo sé. Sólo sé que necesitamos conocernos despiertos para poder recoger certezas.

              -...

Ella se incorpora. Acerca su luminosísima desnudez a mí, sin despegar su vista de mis ojos.
        -Creo que te amo- Me dice.
              -...

        -Sólo así podremos saber quiénes somos. Por favor, haz un esfuerzo. Tienes que hacerlo. No lo recordarás al despertar.

Sin el menor ruido, había extraído una daga de la silla en que estaba, y ahora me la estaba ofreciendo.

        -Vas a tener muy poco tiempo, aprovéchalo para encontrar lo más que puedas. Y no sufras por mí. Sólo estoy soñando, despertaré pronto. Hazlo.

Cogí el arma, y se la enterré en el corazón. Sus ojos se apagaron, y exhaló en mis brazos. Tan frágil; acaricié su rostro, buscándolas últimas gotas de color que su cuerpo mostraba. Cuando quité la daga de su pecho, sentí un fuerte viento a mí alrededor. Estaba anocheciendo, y las hojas silbaban amenazadoramente, acusándome. Me incorporé, buscando el sendero por donde llegué al claro. Eché una última mirada al cadáver de la soñante, y vi cómo las hojas, cómo la tierra absorbía su cuerpo. Aterrado, comencé a correr.

Tras mío, el viento deshacía el bosque; la alfombra de hojas marchitas perdía sus colores, y desintegrábase en más viento. Corrí, sin notar cansancio, con la daga en la mano, hasta lograr salir del bosque.


Desgraciadamente, no pude seguir más allá. En un instante, caí ahogado al fondo del océano, y desperté aquí, y comencé a olvidar el sueño.





21 - XII - 2010

Infierno


       Y en esta visita a los infiernos, el héroe apenas podía vislumbrar más allá de sus propias manos, que tanteaban trémulas entre las zarzas.

Estremecido recordaba el postrer aullido de Ignacio su hermano, estrangulado en aquel bosque maldito y eterno. Ni siquiera el dolor por la muerte de él, podía detener al héroe en su afán.

   - ¡Contéstame!, enemigo, ¡¡Qué es lo que busco!!

  "ya nada me podrá arrebatar este infierno. Lo he perdido todo, incluyendo a mi adorado hermano, que por su valor murió en mis brazos."

   - No he luchado tanto en vano. ¿Qué es lo que ocultan las sombras? ¿Qué lo que mi espada ataca, lo que mis lágrimas lloran?

El bosque callaba, insistente y ruidosamente callaba. Arriba de los árboles, se desataba una tormenta, de la que Adriano sólo recibía la lluvia y el trueno.

  "¿qué es esto? la lluvia se detiene... quizá acabe la tormenta... de todos modos, sigo sin ver nada."

Aterrado por la calma, nuestro héroe se refugia entre las raíces del roble más cercano. Arrullado por los cada vez más lejanos relámpagos, se adormece,

  "no puedo rendirme ahora... no... la sangre de los míos... mi amada... debo seguir...", y cae en el sueño.



Encandilado por el resplandor, Adriano se levanta de un salto: El bosque se ha ido, y se encuentra con su hermano.

     -¿Qué nos ocurrió? ¡Tú estás muerto!!

     -Has despertado, Adriano.

Demonios


Paisajes tristes, terrenos baldíos,
muertos, fríos, tierras malditas,
vestigios cegados de horrores mudos,
los campos de batalla, ciénagas eternas.

El galope de caballos
montados por demonios
con espadas, antorchas y flechas;
la danza de sombras;

El pasto con pelillos blancos,
los arbustos de alambre,
son testigos mudos de la lepra
de la historia, nunca dormida.

¿En qué momento de la Historia
el hombre maldijo la piedra sangrante,
que siguió viendo en cada pestañeo
de su vida?

¿Porqué, cuando el sonido seco
de cráneo ultrajado ocurrió
en lo profundo de la caverna,
no se quedó ahí, maldito y encerrado?




20 de Abril, 2007.

Ensayo sobre el Experimento de Milgram


       Hasta aquí, tenemos el propósito que se les presentaba a los dos voluntarios. Voluntarios de los que sólo uno era el sujeto del experimento, pues el otro participante era un actor, que oficiaba siempre del alumno que recibía el castigo.
       La experiencia consistía en amarrar al "alumno" en una silla, conectada a un panel donde se instalaba el "profesor". Éste, dictaba una lista de treinta sustantivos asociados cada uno a un adjetivo, a fin de que el alumno la memorizase en solo un dictado. Luego, se le preguntaba por el sustantivo relacionado con cada adjetivo, que le profesor repetía uno por uno, en orden, llegando así hasta los treinta adjetivos. Si el "alumno" acertaba, el profesor pasaba al siguiente adjetivo; si erraba, se le aplicaba un castigo por medio de un shock eléctrico, partiendo en 15 voltios, progresando linealmente en quince voltios por cada error, hasta el límite: 450 voltios.

       El objetivo real de esta experiencia, era analizar la conducta del profesor (el voluntario verdadero), al ser obligado por la universidad (autoridad) a castigar al alumno: una persona que él no conoce, y al que, por sorteo, le tocó ser la víctima. En el proceso, el "profesor" puede desistir - esto es, abandonar su rol de juez y verdugo -, o continuar con el proceso, propinando shocks eléctricos al alumno, tras cada error.
       (Claramente, no existen tales shocks eléctricos, el actor aparentaba recibir los golpes, y los efectos que en él producían: alta sudoración, bloqueo mental, dolor y desesperación.)

   >> El tema de esto: el nivel de intensidad y expansión del carácter autoritario {E. Fromm, "El miedo a la libertad", "El corazón del hombre"} dentro de la sociedad actual. Los resultados, entonces (60's, 70's): 63% de la población (muchos voluntarios "profesores") aplicaron el castigo hasta dejar al alumno inconsciente, pues consideraban que debían (por ética, principios, o por su condición de humilde ayudante en un experimento científico) llevar el experimento hasta sus últimas consecuencias. Varios se detuvieron solo porque la autoridad (los académicos de bata blanca presentes) no se ponían de acuerdo entre sí.

           ~*~ Estamos, aquí, destapando una de las mayores llagas, y también, la peor deformidad, de lo que es el ser humano actual, tras milenios de historia. >>"¿Ha logrado, el Hombre, vencer al Creonte déspota que se exilia tras asesinar a Antígona, y ver muertos a su bien amada esposa y su hijo, amante de Antígona?" {Antígona, último componente de la trilogía edípica}.
     Pues, mirando también la mitología cristiana, aún anda con nosotros, y en nosotros, el Caín asesino, creando, con sus hijos, el progreso material sobre la Tierra. ~*~

       El amor-odio hacia la autoridad >> La búsqueda de la Verdad, sacrosanta y virgen, es una meta que el ser humano se autoimpuso, arbitrariamente, teniendo una excesiva confianza en sus capacidades. No estando, no sintiéndose, no sabiéndose apto para tenerla, busca sucedáneos del libre ejercicio humano, acotándose y acotando a sus semejantes a lo que, al menos, no perjudica a sus más cercanos.

~La autoridad, necesaria en la cuna, infancia y adolescencia, empieza a volverse tambaleante e insegura, cuando el hijo comprende. ~

                            "Cuando un hombre piensa, la sociedad se tambalea"
Y hay tantos ejemplos de rebelión, huelgas, y luchas en la Historia... desde la primera documentada, en Egipto: la huelga de los obreros funerarios >> Hasta la presente movilización de los estudiantes universitarios, la pugna entre la nación mapuche y el Estado Chileno, el alzamiento de las regiones extremas y ni tan extremas; todo esto no indica que estamos rodeados de una tropa de pirómanos facinerosos, sr. presidente, solo indica que (ojalá) la sociedad chilena está volviendo a despertar, tal como lo hizo tras la oscura etapa parlamentaria (1891-1924), y tal como lo predica el lema del escudo chileno, desgraciadamente, cortado:
         Post Tenebras Lux,
         Por la razón o la fuerza.

En mayo del '68, protestaron también los jóvenes.
                            "Seamos realistas, pidamos lo imposible" no es un eslogan ingenuo: en un mundo donde no queda cabida para un solo niño ingenuo y curioso; un mundo donde ser realista es aceptar un sistema económico que te pone bajo un muy eficiente yugo, y unas excelentes anteojeras caballares, y te obliga a destruir, si es necesario, a tus colegas y compañeros; un mundo que ha asesinado a cada persona que decidió que su meta era una distinta a la de la zoociedad; que aún tiene ceniza en las manos por las hogueras para las mujeres intuitivas o libres (brujas), y aún recibe la mirada fulminante de Giordano Bruno, y de tantos jóvenes chinos, tribus africanas, mexicanos cesantes, niños japoneses suicidas. >> Pedir lo imposible, pedirlo... es la sangre de los que lo pidieron en algún momento, la que coagula la garganta cuando se rebate por primera vez a un padre, a un profesor, a un amigo. Sin embargo, es esa sangre la que palpita furiosa y serena en el corazón de los que a pesar del miedo, lo hacen, y piden lo que no nos quieren dar o reconocer.

             ¿Por qué el héroe que acompañó a Edipo en su muerte en el bosque de las diosas primigenias, no podía describir lo que vio? Nadie sabe. Pero si la espina se eriza ante el misterio y todo lo nuevo, y el impulso más fuerte, es adentrarse en el bosque, estaremos entonces buscando a Edipo, y con él a todos los humanos héroes.

                                                 Fin
                               Del Ensayo.




8 de mayo, 2012