-En el campo de batalla no somos lo mismo, senador. Aquí usamos máscaras como los políticos usan varias túnicas.
Cuando vuelves a pisar la tierra seca de las llanuras, sedienta de vida, esperando ser fecunda bajo la sangre de nuestras legiones, te conviertes en un ser sin dobleces, que puede ver todo alrededor suyo. Luego, al enfrentar escudo contra acero, te abate una fiebre que sólo cede ante el tajo profundo que tu brazo ara, o tu garganta sufre.
Perdóneme, pero debe usted saber que cuando nos envía a conquistar, no manda ciudadanos de Roma, sino algo más vivo, más real que la oratoria y la intriga. El humano original respira en el amor entre las sábanas, en los juegos de los niños, y en el hombre que suelta el escudo rojo sobre la tierra viva.
Si seguimos el águila imperial, nos convertiremos en fauces insaciables hasta que nadie quede, u otorguemos clemencia a los rendidos y desarmados; no dejaremos de avanzar sobre caminos, bosques y montañas.
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